—Maju, me pediste que te hablara como sacerdote y amigo, ya te escuché como sacerdote y mi papel era solo escucharte, sé que es el punto más sensible y solo te diré. Tu solita en compañía de Dios, encausarás los sentimientos, entrega tus temores, abre tu corazón y en eso no escuches a nadie más que a tu corazón, solo ten presente tu felicidad. ¿Has sido feliz este tiempo sin él? —No respondí.
—Necesito tiempo.
—Tomate un tiempo prudente, eso le dará tiempo a César a que aprenda a valorar lo que