Sombras y deseo (2da. Parte)
El mismo día
Las islas Maldivas
David
Lo reconozco: todavía el sabor de sus labios me quema. Su actitud me confunde, y llego siempre al mismo punto: tengo miedo… miedo de lo que ninguno de los dos se atreve a repetir en voz alta. Pero dejé de pelear con ella y la besé con el alma, con todo lo que tenía contenido.
Ese fue el inicio de un viaje de besos ardientes, de caricias prohibidas, de gemidos y jadeos en los que me adueñé de su piel. Por primera vez en mucho tiempo, sentí que nada más impor