La noche había sido interminable para Madison. Los pensamientos giraban en su mente como un remolino imparable: su padre, el juicio, Lucía, y ahora la propuesta de empezar una nueva vida lejos de todo lo que conocía. No había dormido ni un instante. Estaba agotada, pero el sueño no venía; la decisión que debía tomar pesaba demasiado.
Cuando el primer rayo de sol entró por la ventana, se levantó de la cama. Lucía dormía profundamente en la cuna improvisada que habían colocado en el cuarto. Por u