La noche había caído por completo, cubriendo la casa de Madison con un manto de tranquilidad engañosa. Afuera, los oficiales vigilaban atentos, sus siluetas moviéndose bajo las luces de los reflectores instalados en los bordes del jardín. Dentro, Madison permanecía sentada en el sofá, con la mirada perdida en el vacío. El día había sido una batalla agotadora, y las palabras de los periodistas todavía resonaban en su mente como ecos crueles.
El sonido de un auto acercándose rompió el silencio,