El aire frío de San Petersburgo golpeaba con suavidad el rostro de Madison mientras caminaba de la mano de Lucía, mejor dicho: Megan. quien no paraba de contarle con entusiasmo los detalles de su primer día de clases. La niña saltaba de un lado a otro, arrastrando un poco a su madre, quien intentaba mantener el ritmo. Madison, o “Dasha” como era conocida ahora, mantenía su mirada fija en el camino, sus pensamientos divididos entre el presente y las palabras de Megan que resonaban como un eco cá