Tras unos segundos de duda, André estira su brazo hasta que se aferra al mío. Aprieta con fuerza, dejando bien claro que aquí es él quien lleva las riendas de la situación.
—¡Ay! —chillo cuando sus dedos traspasan la piel.
No, no la han perforado; pero siento como si lo hubiesen hecho.
Él continúa incrementando la fuerza de su agarre. ¿Acaso pretende llegar hasta el hueso? Quiero decirle que lo que está aquí presente es un ser humano —más bien, dos—; pero me consta que le no le interesa. Al c