Uso una de las balas en un hombre de mediana edad que se me aparece de la nada. He apuntado al centro de la frente antes de disparar. ¡Basta ya de desperdiciar tiros en balde! Luego de que se me agoten, aún quedarán dos armas en mi poder: el mazo y el cuchillo.
Continúo andando hasta que me topo con un cuerpo humano sentado en la arena, un hombre vestido a jirones. Su torso semidesnudo está cubierto de sangre. Él respira con dificultad, pero al verme, sus ojos se llenan de furia.
─¡Tú, m*****a