En algún momento, he perdido la consciencia. Solo recuerdo que mi cabeza ha colgado en el aire como el fruto de un árbol. No tenía donde apoyarla, ni deseaba hacerlo. André desprendía un olor a sudor y tabaco mascado. Antes, no me había dado cuenta porque los miedos han tenido a mis nervios en ascuas; pero, luego de mi redición, se han ido relajando, hartos de pelear contra lo inevitable. Al menos, he logrado mantener a Basima fuera de sus manos. Eso, de por sí, es una victoria bien pequeña.
El