Aquí estoy, en el interior de mi mente, con tres dedos de André en el orificio anal y su miembro en mi boca. Deseo escapar, huir a la esquina de mi jaula, pero la posibilidad de que él dañe a Basima es superior a mis miedos.
Abro y cierro los ojos varias veces con el objetivo de echar de mi pensamiento la imagen que me tortura. Aunque me he creído a salvo en la casa de Ahmed, ahora tengo dudas. Tal vez, sean ciertas las enseñanzas de Ghaaliya: Todos los hombres son unos salvajes que usan a las