—¡Te dije que no!— volví a negarme con enojo.—¿A caso te has vuelto loco? ¿Es que no ves lo mucho que nos exponemos sí vamos a esa casa?
Hizo una mueca y cambió a Mía de un brazo a otro.
—He tomado todas las medidas, amor, no sucederá nada...
—¡Basta!— grité nuevamente haciéndo que Mía diera un leve saltito en sus brazos.— no quiero seguir hablando de estó.
Dicho esto giré sobre mis talones y empecé a caminar con rapidez hacia el jardín.
Cada día estaba más jodido ¿Es qué en serio no se daba cu