—Escucha muy bien lo que harás— dijo rápidamente a Dan— tan pronto como veas la oportunidad de salir volando de está mierda lo haces. Las quiero a salvo.— puntualizó y mi corazón empezó a latir con velocidad.
—Si, señor.— respondió el hombre sin más.
—Y tú escúchame muy bien— se giró a mí— sí se te ocurre salir del maldito auto, juro que voy a matarte con mis propias manos— sus palabras no me inmutaron en lo absoluto, pues, sabía muy bien que eso sería lo último que haría en su vida.
—¿Que está