No, no quiero estar aquí, no de nuevo.
Sabía cómo terminaría todo, sabía lo que sucedería a continuación, pero no podía decir nada, no podía gritarle a papá que detuviera el auto para evitar que el camión que metros más adelante acabará con sus vidas.
Quería llorar, gritar, moverme y tratar con desespero que me hicieran caso, que parara, que no se murieran...
Pero no podía ¡Maldición! No podía, y por más que lo intentaba no podía hacer más que estar sentada igual que esa madrugada, por más que