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Entré al armario y fuí directamente hasta dónde estaban perfectamente dobladas las camisas de algodón grandes y deliciosas. Quité el albornoz de mi cuerpo y lo tiré al cesto de ropa sucia, me puse un pantys y desdoblé la camisa verde militar para ponermela.

Pero antes de que lo hiciera mi reflejo en el espejo llamó mi atención. Sonreí sin poder evitarlo.

Mi bebé cada día estaba más grande, y el día de tenerlo en brazos era cada vez más próximo.

Hace un par de días había entrado en el quinto mes
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