Habían pasado dos semanas desde que hablé con Camerón. En todo esté tiempo Damián no me había dejado salir de la habitación y la verdad yo tampoco tenía ganas de hacerlo. Estaba tan triste que solo me levantaba de la cama para ducharme y comer cuando Carmen traía mi comida, ni siquiera había vuelto a mirar por la ventana que desde hacía varios días permanecía cerrada y las cortinas no permitían que entrará la luz del día. Damián las había cerrado una mañana que se levantó enojado porqué el resp