Ambos nos levantamos de las reposeras y vestimos. Estábamos siendo espiados y ni idea de algún sospechoso con tanta gente poniendo cámaras por la casa.
Pensábamos que todo había terminado, pero no, eso estaba recién comenzando.
Renato venía entrando a la casa con más gente aún, a renovar nuestros closets. Gracias a que los ventanales de la casa estaban abiertos, podíamos escuchar su inigualable voz desde la piscina.
—¿Dónde está la bella y la bestia? —preguntó, en voz alta.
De inmediato le