El amanecer sobre la capital andina despertó con una claridad celestial. La luz dorada del callejón interandino se filtró por los colosales ventanales del hotel de cinco estrellas más lujoso de la ciudad, iluminando los salones imperiales que el mánager Kim y el equipo de la Corporación Vega habían blindado bajo un estricto e impenetrable operativo de seguridad. El día definitivo había llegado. Exactamente seis meses después de la arena de Santa Elena, y a tres años justos desde que el fallo me