El eco de la ovación final en el estadio de Quito aún vibraba en las paredes del club privado de la capital andina, un reservado de lujo colonial reformado que Georgina había reservado de manera absoluta para la celebración post-concierto de K-Entertainment y la familia Vega. La atmósfera del salón estaba impregnada de una sofisticación desbordante: luces tenues de color ámbar, copas de champaña de cristal fino y un aroma amaderado familiar.
Valeria Vega permanecía sentada en el sofá central de