El viaje fue silencioso, solo el suave zumbido del motor los acompañaba mientras la ciudad se deslizaba ante las ventanas.
Cuando el coche se detuvo, miré hacia el centro comercial que teníamos delante. La alta fachada de cristal brillaba al sol, reflejando la ciudad como un espejo. Todo parecía demasiado brillante y hermoso.
En cuanto entramos, el aire fresco me envolvió, trayendo consigo el tenue aroma a perfume caro. Inconscientemente, aminoré el paso. Mi mirada recorrió los escaparates, los