Louise
Después de comer, decidí refrescarme. Le pedí a Filipe que esperara y fui al baño. Pasaba por una tienda de lencería y, por un instante, me detuve a contemplar un precioso conjunto de encaje fino, cuando de repente mis pies se clavaron en el suelo. Dentro, tras los estantes de batas de seda, la vi.
Clara hacía girar una bata rosa en sus manos. Reía, ligera, despreocupada, como si el mundo le perteneciera.
Junto a ella había un hombre alto. Nunca lo había visto, pero Clara, al parecer, lo