Ninguno de los accionistas presentes confiaba en Sofía.
Lo único que querían era que vendiera la empresa para recuperar su dinero.
Ante tal escena, Sofía no se sorprendió en lo más mínimo. Ya lo esperaba.
En ese momento, miró a su abogado, quien colocó una laptop frente a todos.
Presionó una sola tecla, y de inmediato apareció en pantalla el saldo de la cuenta empresarial: veinte mil millones de pesos.
—Miren con atención —dijo el abogado—, aquí hay dos mil millones.
Todos quedaron atónitos.
¿Do