Al ver la cara descarada de Luisa, Sofía la miró cada vez más fría:
—Pues tía, tu plan está bien mal hecho. Alejandro ahora mismo me odia, no me va a ayudar ni tantito a nosotros, a los Valdés.
Luisa se quedó sin palabras.
—¿Por qué dices eso?
Sofía no tenía tiempo para explicarle esas tonterías y se dio la vuelta para subir las escaleras.
Luisa se quedó ahí, preocupada y sin saber qué hacer.
En ese momento, sonó el teléfono de Luisa. Del otro lado, un accionista gritaba nervioso:
—¡Señora Valdé