— Sofía, con que prepares algo sencillo está bien, yo tengo que salir —dijo la señora Rivera mirándola.
Se levantó, y antes de irse, le lanzó a Alejandro una mirada significativa.
Muy pronto, el gran salón quedó solo con Sofía y Alejandro.
— ¿Y qué esperas? ¿No vas a cocinar? —soltó Alejandro con frialdad, sin un mínimo de respeto en la mirada.
— Ya no hay nadie más en la casa, señor Rivera, ¿para qué seguir fingiendo?
Sofía lo miró y dijo, Si de verdad tiene hambre, mejor pida algo por celula