Cuando Sofía regresó a la casa esa tarde, encontró a Luisa muy emocionada por la reciente rueda de prensa que había aclarado los rumores.
En cuanto la vio entrar, Luisa se apresuró a recibirla con entusiasmo:
—¡Sofía, por fin llegas! ¿Cómo no me avisaste antes de una noticia tan buena? ¡Y yo aquí, preocupada por nada!
Sofía, al ver a Luisa sonriendo de oreja a oreja, arqueó una ceja y dijo con frialdad:
—¿No eras tú la que quería venderme a la familia Gómez?
—¡Ya no! ¡Eso ya quedó en el pasado!