—Señor Rivera, supongo que no tiene objeciones, ¿verdad? Entonces me voy primero. Mañana a las diez en punto estaré presente en la rueda de prensa de aclaración de su empresa.
Sofía empujó a Alejandro y justo cuando estaba por darse la vuelta para irse, él le sujetó el brazo de repente.
Al notar esto, Sofía frunció el ceño. La mirada que le lanzó era como si se le hubiera pegado una rata salida de una cloaca, sin disimular en absoluto su repulsión.
—Alejandro, ya no tiene ningún sentido que siga