Sofía aún sentía el corazón agitado por lo ocurrido hace un momento. Cuando subió las escaleras y llegó a su departamento, se topó de frente con Alejandro, que la esperaba justo en la puerta.
El pasillo estaba desierto. La aparición repentina de Alejandro la sobresaltó.
—¿Qué haces aquí?
—¿Todavía tienes el descaro de preguntarme qué hago, después del desastre que armaste hoy en la calle?
Alejandro la acorraló contra la pared, inmovilizándola por completo. Con su fuerza, Sofía no tenía manera de