—Está bien, lo acepto —respondió Alejandro de manera repentina a la súplica de Mariana.
Ella se quedó helada.
—No dejaré que te expulsen, terminarás tranquila tus exámenes de graduación. Pero Silvia no puede seguir en la universidad. Y tú, olvídate de cualquier oportunidad de estudiar en el extranjero. Si decides quedarte en Ciudad Brava, será bajo tu cuenta y riesgo. Yo no volveré a intervenir.
—Alejandro… —murmuró Mariana, perdida.
Jamás la había mirado con esa frialdad. Por un instante sintió