Cuando Lola terminó de firmar la carta compromiso, se la entregó en mano a Mariana.
Mariana apenas la hojeó por encima y dijo con calma:
—Puedes quedarte, pero que te quede claro: si en este edificio llega a perderse algo, tú tendrás que responder.
—No se preocupe, Mariana, yo no robo cosas —respondió Lola con toda la seriedad que pudo fingir.
Mariana apenas esbozó una sonrisa ligera.
Silvia, que no soportaba a mujeres como Lola, no tuvo reparos en poner los ojos en blanco frente a ella.
—Vámono