—En el extranjero manda Elías, no Alejandro. El único que podría haberme hecho venir desde tan lejos es Elías —dijo Leonardo, arqueando una ceja hacia Sofía Valdés—. ¿Cómo? ¿Ese tipo no le comentó nada, señorita?
—…Jamás lo escuché.
Desde que se había lastimado, Elías ni siquiera se había aparecido.
¿Cómo iba a imaginar Sofía que él había traído a todo un equipo médico especializado por ella?
—Bien, hagamos las placas —dijo Leonardo con seriedad.
Su rigor en el trabajo era evidente. Cuando Sofía