Sofía comenzó a mirar con atención el examen frente a ella, gracias a las palabras de Luna.
Claro, ¿cómo no?
Esos grandes caracteres, tan evidentes, ¡y apenas ahora se daba cuenta!
Lo peor era que ya llevaba siete días escribiendo exámenes sin parar.
—Examen de doctorado… no me extraña que me resultara tan difícil —murmuró Sofía.
—¿Difícil? ¡Ni siquiera fuiste a clases este año y aun así escribiste tanto! —exclamó Luna—. Sofía, ¿cómo lo hiciste?
Sofía no estaba escribiendo al azar.
Durante los tres años de su vida pasada, había estado al frente de las operaciones de Alejandro en la empresa Rivera.
El mundo financiero, con todo su tamaño y complejidad, ya lo había explorado y comprendido completamente.
Después de tres años de práctica, enfrentarse a estos exámenes era como un juego de niños para ella.
Al ver que casi toda la hoja ya estaba llena de respuestas, Sofía sonrió con satisfacción:
—Esta va segura.
Mientras tanto, en la compañía Rivera…
Carmela entró con un conjunto beige de fa