Al final, Alejandro no pudo más y abrió la puerta de su habitación de golpe. Se dirigió directo al cuarto más al fondo, el único que aún tenía la luz encendida.
¿No saben que en la noche no se hacen remodelaciones?
¡Y todavía tenían el descaro de estar martillando a esa hora!
—¡Sofía Valdés! ¡Tú...!
Ni siquiera terminó de hablar. La escena que encontró lo dejó momentáneamente sin palabras.
Sofía estaba sentada en la parte alta de una escalera de aluminio, usando un taladro como si estuviera en p