Pero ahora, todo el mundo afuera ya sabía que Tomás era el cuñado de Alejandro. Si Sofía lo decía en persona frente a los invitados, no cabía duda de que todos lo creerían sin dudar.
—¿De verdad esta mujer cree que no puedo hacer nada contra ella? —soltó Alejandro con una frialdad punzante.
Javier no se atrevió a decir ni una palabra.
—¿Dónde está Tomás ahora? —preguntó Alejandro, alzando la vista con expresión gélida.
—Señor Rivera… está encerrado en el sótano de la casa principal. Ya lleva ahí