Al ver que todos alrededor comenzaban a alborotarse, Lola no tuvo más remedio que ir a saludar, aunque no quisiera.
Después de todo, unos días antes había presumido frente a sus compañeras que era prima de la prometida de Alejandro.
Pero la verdad era que en su salón abundaban las verdaderas hijas de empresarios y políticos, muchachas que, aunque no alcanzaran el nivel de los Rivera o los Valdés, sí venían de familias influyentes.
Y ninguna de ellas veía con buenos ojos a Lola, aquella muchacha