Al poco rato, se escucharon unos golpes en la puerta del salón.
Entraron dos agentes de policía. Uno de ellos mostró su placa al profesor, luego habló con voz firme:
—Somos la policía. ¿Quiénes son Silivia y Mónica?
Al escuchar que las llamaban por nombre, Silivia y Mónica se pusieron de pie sin entender nada.
—Y-yo... somos nosotras.
El policía apenas las identificó, giró hacia sus compañeros y ordenó:
—Llévenselas.
—¿¡Qué!? ¡¿Con qué derecho nos van a detener!?
Silivia se quedó blanca como el