Todos en el salón volvieron a fijar la mirada en Mariana.
Después de cómo reaccionó Silivia, ¿quién iba a creerse que Mariana no sabía absolutamente nada?
—Yo… de verdad no sabía nada —dijo ella, con voz temblorosa—. Si lo hubiera sabido, claro que no les habría permitido hacer algo que lastimara a la señorita Valdés.
Su expresión era la imagen de la inocencia: ojos abiertos, rostro lívido, el tono exacto de quien carga con una injusticia.
Mariana siempre había sido vista como una joven culta, e