— Bueno peque, hoy nos toca a las de Dios. Debo confesarte algo…
Maximiliano me miró con su carita adormilada totalmente confundida.
— ¿De qué se trata Cris?
Mi corazón se infla de felicidad al escucharlo llamarme con el diminutivo de mi nombre con tanto cariño.
— Mis habilidades culinarias no son las mejores peque.
Él se echó a reír estruendosamente.
— No creo que sea peor que la de mi padre.
Suspire y como le había mencionado antes, a las de Dios. Ingresé en el inmenso salón abie