Después del tierno desayuno que tuvimos los tres Alessandro se fue a una de las separaciones que tenía este piso, en realidad los vidrios reflejaban muy poco, adentro había de todo. Un escritorio, un mueble tipo sofá cama y un montón de cosas de oficina.
— ¡Señorita Di Santis! — La voz gruesa de Alessandro llamándome desde la que ahora sé que es su oficina me hizo pegar un brinco.
Aún ese tono burlesco cuando me llamaba por mi nombre encubierto me daba cierta rabia, en realidad no es del todo