Capítulo 43. LOS HERMANOS PONY
Cuando nos quedamos a solas crucé mis brazos sobre mi pecho. Me sentía expuesta ante él, como nunca antes, como si lo que sea que pudiese decir ahora, tuviese la capacidad de destruirme y herirme.
—¿Por qué huiste de mí?—preguntó y quise volver a golpearlo— Prometiste que nunca huirías de mí.
—Y tú prometiste nunca herirme y sin embargo lo hiciste—quería gritárselo, pero en una casa llena de gente me conformé con siseárselo.
Caminé hasta la puerta y la dejé abierta para que me siguiera. Cuando