Subo las escaleras que me conducen a la habitación quitándome la camiseta en el trayecto. Lo único que me ayuda con los mareos matutinos es el ejercicio y correr en la madrugada se ha convertido en un hábito que practico mientras ellos "duermen".
Abro suavemente la puerta para evitar despertarlos, pero me quedo congelado con la imagen que me recibe.
Victoria está a horcajadas sobre el miembr* de Dániel cabalgandolo hambrienta y él se sostiene de la cabecera de la cama mientras jadea.
Anoche nos