Las extensas patrullas que ahora hace la manada sin descanso me tienen nerviosa, el aire está pesado y siento como si el tiempo nos corriera en contra.
Acaricio mi vientre tratando de convencerme de que pronto pasaremos esta etapa y podré tener a mi bebé en los brazos.
Las ecografías no muestran signos de alarma, él se desarrolla a plenitud, crece cada día y el temor a perderlo se ha ido despejando, mi cuerpo se adapta a los cambios que ya son más que notables.
Tenemos Veinticinco semanas cumpl