El buen humor que tengo se viene abajo cuando veo lo que hicieron con la patrulla de vigilancia.
La sangre de mis hombres y el dolor plasmado en sus rostros son una bofetada clara por mi incompetencia al no haber estado con ellos para defenderlos.
Pero las cosas empeoran cuando esparcen sobre la mesa la ropa interior que reconozco de inmediato.
Esas fueron las tangas que traía puestas está mañana mi esposa y que quedaron tiradas en la habitación cuando salimos con Daimon dejándola profundament