Mientras corremos hacia la casa me asalta una presentimiento que me hace helar la sangre: las lunas que habían desaparecido, el hecho de que nosotros fuéramos los únicos gemelos que habían nacido entre los lobos desde hacía más de trescientos años y que ella fuera humana, ratificaba la razón de mis alarmas.
No se necesitaban tantos dedos de frente para saber que esto los iba a atraer.
Esa maldita profecía se repite sin cesar en mi cabeza
"Cuando dos ríos se fundan en un solo mar"... él lo sabí