Capítulo 62
Christopher.

​Alana no reacciona. Se queda ahí, de rodillas frente a mi hija, en un silencio absoluto que de inmediato enciende mis alarmas. Frunzo el ceño, percibiendo cómo la ligereza del ambiente se evapora en un segundo.

​—¿Alana?

​Sus hombros se ponen rígidos. Muy despacio, alza la cabeza para mirarme. Sus ojos verdes, siempre tan expresivos, lucen opacos, y su rostro ha perdido todo el color. Se queda muda un instante más, hasta que algo parece hacer clic en su mente; se levanta de g
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