Alana.
La recepción estuvo tanto maravillosa como agotadora. Perdiste la cuenta de los bailes, las fotografías oficiales y las pláticas interminables con invitados que fingían conocerme de toda la vida. Sin embargo, en medio del protocolo, hubo destellos que se salieron por completo del guion.
Como cuando Christopher notó que estaba aturdida por las luces y me ofreció salir. Me ayudó a quitarme los tacones del demonio y caminamos descalzos por el jardín junto a las niñas, apartados de todo el b