Christopher.
Las puertas de madera tallada del salón se abren de par en par y, en ese mismo instante, las conversaciones en susurros de losinvitados cesa por completo. La marcha nupcial empieza a sonar, pero para mí es solo un ruido de fondo lejano. Siento los latidos del corazón retumbando en mis oídos con una violencia que no experimentaba desde hace tres años y de pronto olvido como respirar cuando ella aparece al fondo del pasillo.
Todo el salón se difumina. Alana avanza despacio, del brazo