Alana.
La limusina avanza por las calles de la ciudad. A mi lado, Marie revisa unos papeles en silencio y, frente a nosotras, Marjorie y Vivian miran por la ventana.
El auto se detiene un momento junto a la acera y la puerta se abre de golpe. Lauren entra como un torbellino.
—¡Oh, Dios mío, Alana! —exclama a modo de saludo, dejándose caer en el asiento de cuero—. No puedo creer que de verdad esté yendo a la boda de Christopher Ashford en una limusina. ¡Mírame! ¿Tú sabes cuánto cuesta este vesti