Alana.
—Es difícil, Alana —dice Derek, devolviéndome el celular tras revisar la cadena de mensajes—. Técnicamente es posible rastrearlos, pero al ser números desechables de diferentes tarjetas prepago, cada texto se conecta a una antena de telefonía distinta. Lo único que podría conseguirte es la ubicación general, pero eso no te va a dar la identidad de nadie.
Suelto un suspiro pesado, cruzándome de brazos frente a él.
—Vale. ¿Y qué es lo mejor que puedo hacer?
—Cambiar tu número —responde sin