Capítulo 18

Alana.

Derek me mira anonadado. Sin perder tiempo, se pone en pie y, con una rapidez pasmosa, intenta encubrirme.

—¡Sí, deténganse! ¡Demos un aplauso a nuestro querido Christopher! —exclama, empezando a aplaudir con fuerza.

La gente comienza a seguirle el juego, lo que me enfurece aún más. Él me tira del brazo mientras masculla entre dientes: —Siéntate, Alana. Por Dios, te vas a arrepentir de esto.

—¡No! —grito, zafándome de su agarre.

A mi alrededor, los murmullos se disparan. «¿Quién es ella?
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