Alana.
Esto es una pésima idea.
Sabía que lo era y, aún así, las palabras saltaron de mi boca antes de que pudiera frenarlas. Mi madre siempre dice que soy impulsiva; de adolescente, me gustaba creer que era una especie de justiciera. Pero ahora, con el aliento de Christopher acariciándome los labios en cada respiración, no estoy segura de a qué clase de justicia aspiro.
Sus dedos se mantienen firmes en mi muñeca. Sus ojos, de un gris tormentoso, se han oscurecido tanto que parecen a punto de