—No estoy embarazada —fue lo primero que dijo Alessa cuando Carla la recibió en el apartamento.
—Wau, gracias por esa forma tan sutil de avisarme —exclamó Carla, viéndola caminar hacia el viejo sofá de la sala—. Espera, ¿por qué estás aquí?
—Porque este es mi apartamento también.
Carla se detuvo junto al sofá y la miró fijamente.
—Oh por Dios, estás huyendo del señor Gold.
Alessa resopló.
—¿Qué? —Volteó a darle una mirada escéptica a la morena, pues la idea le sonó de lo más ridícula—. Yo no es