53: La luz de sus ojos

Carla todavía viajaba por París cuando Alessa irrumpió en su piso compartido y corrió rápidamente a su respectiva habitación y empezó a empacar un par de cosas a la velocidad de la luz. Leonardo caminó detrás de ella, observando todo con tranquilidad. Era un apartamento sencillo, práctico, perfecto para un universitario o dos. Había un par de calcetines esparcidos por el sofá, un paquete vacío de papitas en la mesita auxiliar y un cactus seco (sí, seco) en la ventana detrás del televisor.

—¿A q
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